viernes 29 de abril de 2011

Antonio Birabent – Un hombre solo (que espera)




El hombre que está solo y espera. Fuma, trabaja y parte hacia su casa. Esperando no volver. Lleva canciones y, tal vez, algunos cigarrillos. Más la respiración y las palabras (es decir, su “última y sincera oración”). El presente, que todo lo borra y que ahuyenta las huellas, urge y arde (“Y qué cosas mañana ya no estarán”): pisa fuerte y tiene las botas anchas, más que las de cualquier humano. El hombre es parte del tiempo y contra eso muy poco, o nada. Mientras tanto, el teclado se personifica y se convierte en un sujeto, cabizbajo, triste, cercano a la angustia y al dolor. ¿Y los violonchelos? Logran ser amigables y fuertemente abrasivos, cubren la espalda y arman una gran pared de sonido. A la Phil Spector, a la Let it be. El hombre que está solo y duerme (“con quien soñás mejor”). Entre la convicción y el “Working Class Hero” de Lennon. Sólo un hombre (“Tan sólo un hombre solo como yo”) que descubre la simpleza y lo que debiera ser en el mundo, en las nubes, en la paz. En el sufrimiento.

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