viernes, 29 de abril de 2011

Sunday – Sonic Youth (Y el eterno retorno)


Cierto: el domingo. Ese día devastador, que como la piel y el sol, puede dañar y hasta engañar. Cierto, que viene y va, no hay duda. Es el eterno retorno, el verdadero signo de la vida, la paciencia y el sinfín de la semana. Porque se dice que empieza ahí, pero no, simboliza todo lo que termina. Incluso para aquel amigo, tranquilo y quién sabe qué más (“Sunday comes alone again, a perfect day for a quiet friend”). Es como un torbellino, como una mañana nueva y como la luna (antes el sol) que también engaña, o guarda, hasta el cristal, las sensaciones de un sueño triste o los vaivenes de un mar sin sal. Recordar: el domingo es un eterno retorno. Hay algo de magia, sí, pero no hay sorpresa (“See the magic in your eyes. I see it come as no surprise”). El domingo te obliga a no saber que hacer, o a esperar como un pobre angelito (en cámara lenta). Y todo esto no indica algo malo, ni bueno. Es algo. Puede ser el día perfecto y la maravilla en puerta. El movimiento de la danza y la tensión de las cuerdas, entre guitarra y risa sincera, a la guarda del viento que también, viene y va. Cierto: como ella y sus ojos (“Sunday always seems to move so slow to me, here she comes again”).

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